Geles Lluna
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Client
OWN PROJECT
ROLE
QUALITATIVE RESEARCH
Industry
STORYTELLING
Year
2026
Info
Ejercicio personal de escritura enfocado en explorar cómo los objetos cotidianos pueden reflejar dinámicas de sistema, dependencia y contexto.
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OWN PROJECT
ROLE
QUALITATIVE RESEARCH
Industry
STORYTELLING
Year
2026
Info
Ejercicio personal de escritura enfocado en explorar cómo los objetos cotidianos pueden reflejar dinámicas de sistema, dependencia y contexto.
OBJETIVO
Investigar cómo la narrativa puede ayudar a: - entender relaciones dentro de sistemas complejos - generar empatía hacia estados “invisibles” del usuario - representar problemas de contexto de forma emocional
EL EJERCICIO
Llevaba ahi mucho tiempo, sus tejidos habían empezado a quedarse secos y perder elasticidad, el polvo del tiempo le caía encima cada día y allí, desde su postura, inerte, inamovible, se volvía gris. No recordaba cuándo fue la última vez que vio a su pareja, pero se le hacía una eternidad. Desapareció de su lado un buen día y todavía le daba vueltas, desde ese oscuro lugar que cada vez apelmazaba más el polvo a su alrededor creando una pelusa gigante con pelos, al porqué se fue y cómo pasó. No sabía ni si seguía con vida, si su cadáver estaba en algún vertedero o si tal vez en un giro del destino encontró a una nueva pareja distinta a él. Puede que ahora mismo se encuentre entre los pliegues de otro entre calzoncillos, o… a saber. Quizás había vuelto a salir y como ellos hacían, había recorrido camino arriba y abajo, pero esta vez no era él quien lo acompañaba y era otro. A veces uno puede tener muchas cosas en común, quererse, sentirse igual e inseparable, pero a efectos prácticos ser sustituido por un símil que cumple la misma función. No siempre dependió de él. Desde el rincón más oscuro solo podía fijarse en los pies de los demás, no era capaz de ver más allá, y mucho menos si alguien no lo levantaba de su sitio. Se sentía tan solo y abandonado. Le volvía a dar otra vuelta ¿me echará de menos? ¿Se acordará de mí en algún momento? ¿Lo volveré a ver algún día o estoy condenado a vivir aquí y finalmente ser aspirado por una bola de polvo mayor? Las preguntas iban y venían como los pies que podía ver. Su foco siempre estaba en el mismo sitio, nunca cambiaba. Y cómo iba a cambiar si estaba inamovible y sus capacidades no daban más que escuchar la música que alguien ponía desde el piso de abajo… reguetonero salió el vecino de abajo. Y eso es lo que pasa cuando no te puedes mover y cuando no hay mucho alrededor, que necesitas que sea alguien quien te levante porque tú simplemente no puedes. Pero la ayuda no llegaba, el reguetón se hacía más y más presente (era primavera), y aunque quisiera morir, no podía ni matarse. Abandonado y aislado ansiaba esos días en los que siempre estaban fuera, y bailaban e incluso a veces tocaban la hierba del campo y se juntaban con muchos más. Esos días quedaron atrás. ¿Dónde estás? Te necesito, no soy nada sin ti. Él sentía que sin él no había nada, que no tenía lugar. Y se veía incapaz de hacer con otro lo que hizo con él, formando una pareja dispar en color y forma. “Podría hacer lo que haces tú, sí. Pero nunca serás tú, él no puede ser tú”. Y pensaba que si en las relaciones siempre hay uno que quiere más, ese es él. Lo quería con toda su alma y ahora… lo había abandonado. ¿Cómo he acabado aquí? Se levantó una mañana entre los pliegues de otro y no sabía a dónde había ido a parar su otra mitad. ¿Quién eres tú? Te he visto muchas veces antes, pero juraría que no habíamos hablado. Se parecían un poco, era también un tanto claro y no muy alto, de esos que enseñan los tobillos un poco, pero en lo que más se asemejaban era en que ambos habían perdido al otro, a quien creían que sería su pareja hasta el final en un “hasta que la muerte os separe”. Le contó su historia… similar, aunque en su caso, dijo llevar solo más tiempo. A él no le dio tiempo ni a pensar y no le iba a dar. Tan pronto como despertó con otro, su vida continuó con él, como si siempre hubiera sido así. No eran iguales, pero funcionaban y a veces resultaba hasta divertido hacer obvias las diferencias. Aunque mentiría si dijera que nunca lo echaba de menos. Se acordaba de él cuando se enredaban de nuevo como haciendo una bola, porque aunque la bola se hacía… no era lo mismo, y cuando estaban más juntos es cuando podía ver mejor qué distintos eran. Pero la inercia y las decisiones ajenas lo llevaron a seguir en esa dinámica durante mucho tiempo. Pasaron fácilmente 100 días sin noticias, coleccionando polvo. Quizás era momento de limpiar con un poco más de profundidad y no quedarse en lo superficial y visible. Iba de culo siempre y había rincones que por desgracia quedaban fácilmente en el olvido y escondían tesoros o… a saber. Miró entre la mesita de noche y la cama y… ¿qué diantres es eso? La mano le dio para alcanzarlo con las puntas de los dedos y soltó un estornudo al acercárselo a la cara para averiguar qué era, que hizo salir pelusas, polvo y pelo a propulsión. Ahí estaba… el calcetín perdido. Los perdía cada dos por tres y al final la falta de paciencia se hizo presente en un “¡no te compro más! ¡Ya te apañarás con lo que tienes!”, forzando a la niña a mezclar calcetines viudos unos con otros. Ver la luz de nuevo era maravilloso. Alguien por fin lo sacó del rincón y vio más que pies, y escuchó más que reguetón. Se limpió entre suavizante y olor a orquídeas (raro, porque estas no suelen oler) y secó el agua al sol como en el pasado. Dos días de meditación intensa en el balcón, pero ya la soledad era menos soledad y se sentía acompañado, o cuanto menos… menos solo. El sonido sonó abrupto y familiar. El cajón se abrió y lo vio claro, y él también lo vio a él, pero no estaba solo. Le vinieron mil dudas a la cabeza, cómo voy a ser el mismo con él, después de esto. Enredado en los pliegues del otro, solo le alcanzó a decir “No es lo que parece”… pero quedaron a oscuras y a la espera de nuevo de que la lógica de ir con calcetines iguales, les volviese a unir.
Insight UX
Durante el ejercicio emergieron varias ideas aplicables a diseño: - El significado depende del contexto - Un elemento aislado pierde función → igual que features fuera de flujo - La relación define la utilidad - No diseñamos objetos individuales, sino sistemas interdependientes - Lo invisible también es experiencia - Estados como abandono, espera o confusión no siempre están diseñados… pero se viven - La sustitución no siempre es neutra - Cambiar un elemento por otro “equivalente” puede romper la experiencia emocional
reflexión
La narrativa no es solo una herramienta creativa. Es una forma de pensar en sistemas desde dentro. Y en UX, entender cómo se siente estar “fuera de contexto” puede ser tan importante como diseñar el flujo perfecto.
Aplicación en UX
Este tipo de exploración influye en cómo abordo: UX Writing (tono, contexto, estados vacíos) Diseño de flujos (dependencias entre pasos) Research cualitativo (empatía con situaciones no explícitas) Conceptualización de experiencias (pensamiento sistémico)
OBJETIVO
Investigar cómo la narrativa puede ayudar a: - entender relaciones dentro de sistemas complejos - generar empatía hacia estados “invisibles” del usuario - representar problemas de contexto de forma emocional
EL EJERCICIO
Llevaba ahi mucho tiempo, sus tejidos habían empezado a quedarse secos y perder elasticidad, el polvo del tiempo le caía encima cada día y allí, desde su postura, inerte, inamovible, se volvía gris. No recordaba cuándo fue la última vez que vio a su pareja, pero se le hacía una eternidad. Desapareció de su lado un buen día y todavía le daba vueltas, desde ese oscuro lugar que cada vez apelmazaba más el polvo a su alrededor creando una pelusa gigante con pelos, al porqué se fue y cómo pasó. No sabía ni si seguía con vida, si su cadáver estaba en algún vertedero o si tal vez en un giro del destino encontró a una nueva pareja distinta a él. Puede que ahora mismo se encuentre entre los pliegues de otro entre calzoncillos, o… a saber. Quizás había vuelto a salir y como ellos hacían, había recorrido camino arriba y abajo, pero esta vez no era él quien lo acompañaba y era otro. A veces uno puede tener muchas cosas en común, quererse, sentirse igual e inseparable, pero a efectos prácticos ser sustituido por un símil que cumple la misma función. No siempre dependió de él. Desde el rincón más oscuro solo podía fijarse en los pies de los demás, no era capaz de ver más allá, y mucho menos si alguien no lo levantaba de su sitio. Se sentía tan solo y abandonado. Le volvía a dar otra vuelta ¿me echará de menos? ¿Se acordará de mí en algún momento? ¿Lo volveré a ver algún día o estoy condenado a vivir aquí y finalmente ser aspirado por una bola de polvo mayor? Las preguntas iban y venían como los pies que podía ver. Su foco siempre estaba en el mismo sitio, nunca cambiaba. Y cómo iba a cambiar si estaba inamovible y sus capacidades no daban más que escuchar la música que alguien ponía desde el piso de abajo… reguetonero salió el vecino de abajo. Y eso es lo que pasa cuando no te puedes mover y cuando no hay mucho alrededor, que necesitas que sea alguien quien te levante porque tú simplemente no puedes. Pero la ayuda no llegaba, el reguetón se hacía más y más presente (era primavera), y aunque quisiera morir, no podía ni matarse. Abandonado y aislado ansiaba esos días en los que siempre estaban fuera, y bailaban e incluso a veces tocaban la hierba del campo y se juntaban con muchos más. Esos días quedaron atrás. ¿Dónde estás? Te necesito, no soy nada sin ti. Él sentía que sin él no había nada, que no tenía lugar. Y se veía incapaz de hacer con otro lo que hizo con él, formando una pareja dispar en color y forma. “Podría hacer lo que haces tú, sí. Pero nunca serás tú, él no puede ser tú”. Y pensaba que si en las relaciones siempre hay uno que quiere más, ese es él. Lo quería con toda su alma y ahora… lo había abandonado. ¿Cómo he acabado aquí? Se levantó una mañana entre los pliegues de otro y no sabía a dónde había ido a parar su otra mitad. ¿Quién eres tú? Te he visto muchas veces antes, pero juraría que no habíamos hablado. Se parecían un poco, era también un tanto claro y no muy alto, de esos que enseñan los tobillos un poco, pero en lo que más se asemejaban era en que ambos habían perdido al otro, a quien creían que sería su pareja hasta el final en un “hasta que la muerte os separe”. Le contó su historia… similar, aunque en su caso, dijo llevar solo más tiempo. A él no le dio tiempo ni a pensar y no le iba a dar. Tan pronto como despertó con otro, su vida continuó con él, como si siempre hubiera sido así. No eran iguales, pero funcionaban y a veces resultaba hasta divertido hacer obvias las diferencias. Aunque mentiría si dijera que nunca lo echaba de menos. Se acordaba de él cuando se enredaban de nuevo como haciendo una bola, porque aunque la bola se hacía… no era lo mismo, y cuando estaban más juntos es cuando podía ver mejor qué distintos eran. Pero la inercia y las decisiones ajenas lo llevaron a seguir en esa dinámica durante mucho tiempo. Pasaron fácilmente 100 días sin noticias, coleccionando polvo. Quizás era momento de limpiar con un poco más de profundidad y no quedarse en lo superficial y visible. Iba de culo siempre y había rincones que por desgracia quedaban fácilmente en el olvido y escondían tesoros o… a saber. Miró entre la mesita de noche y la cama y… ¿qué diantres es eso? La mano le dio para alcanzarlo con las puntas de los dedos y soltó un estornudo al acercárselo a la cara para averiguar qué era, que hizo salir pelusas, polvo y pelo a propulsión. Ahí estaba… el calcetín perdido. Los perdía cada dos por tres y al final la falta de paciencia se hizo presente en un “¡no te compro más! ¡Ya te apañarás con lo que tienes!”, forzando a la niña a mezclar calcetines viudos unos con otros. Ver la luz de nuevo era maravilloso. Alguien por fin lo sacó del rincón y vio más que pies, y escuchó más que reguetón. Se limpió entre suavizante y olor a orquídeas (raro, porque estas no suelen oler) y secó el agua al sol como en el pasado. Dos días de meditación intensa en el balcón, pero ya la soledad era menos soledad y se sentía acompañado, o cuanto menos… menos solo. El sonido sonó abrupto y familiar. El cajón se abrió y lo vio claro, y él también lo vio a él, pero no estaba solo. Le vinieron mil dudas a la cabeza, cómo voy a ser el mismo con él, después de esto. Enredado en los pliegues del otro, solo le alcanzó a decir “No es lo que parece”… pero quedaron a oscuras y a la espera de nuevo de que la lógica de ir con calcetines iguales, les volviese a unir.
Insight UX
Durante el ejercicio emergieron varias ideas aplicables a diseño: - El significado depende del contexto - Un elemento aislado pierde función → igual que features fuera de flujo - La relación define la utilidad - No diseñamos objetos individuales, sino sistemas interdependientes - Lo invisible también es experiencia - Estados como abandono, espera o confusión no siempre están diseñados… pero se viven - La sustitución no siempre es neutra - Cambiar un elemento por otro “equivalente” puede romper la experiencia emocional
reflexión
La narrativa no es solo una herramienta creativa. Es una forma de pensar en sistemas desde dentro. Y en UX, entender cómo se siente estar “fuera de contexto” puede ser tan importante como diseñar el flujo perfecto.
Aplicación en UX
Este tipo de exploración influye en cómo abordo: UX Writing (tono, contexto, estados vacíos) Diseño de flujos (dependencias entre pasos) Research cualitativo (empatía con situaciones no explícitas) Conceptualización de experiencias (pensamiento sistémico)
Objetivo
Investigar cómo la narrativa puede ayudar a: - entender relaciones dentro de sistemas complejos - generar empatía hacia estados “invisibles” del usuario - representar problemas de contexto de forma emocional
El ejercicio
Llevaba ahi mucho tiempo, sus tejidos habían empezado a quedarse secos y perder elasticidad, el polvo del tiempo le caía encima cada día y allí, desde su postura, inerte, inamovible, se volvía gris. No recordaba cuándo fue la última vez que vio a su pareja, pero se le hacía una eternidad. Desapareció de su lado un buen día y todavía le daba vueltas, desde ese oscuro lugar que cada vez apelmazaba más el polvo a su alrededor creando una pelusa gigante con pelos, al porqué se fue y cómo pasó. No sabía ni si seguía con vida, si su cadáver estaba en algún vertedero o si tal vez en un giro del destino encontró a una nueva pareja distinta a él. Puede que ahora mismo se encuentre entre los pliegues de otro entre calzoncillos, o… a saber. Quizás había vuelto a salir y como ellos hacían, había recorrido camino arriba y abajo, pero esta vez no era él quien lo acompañaba y era otro. A veces uno puede tener muchas cosas en común, quererse, sentirse igual e inseparable, pero a efectos prácticos ser sustituido por un símil que cumple la misma función. No siempre dependió de él. Desde el rincón más oscuro solo podía fijarse en los pies de los demás, no era capaz de ver más allá, y mucho menos si alguien no lo levantaba de su sitio. Se sentía tan solo y abandonado. Le volvía a dar otra vuelta ¿me echará de menos? ¿Se acordará de mí en algún momento? ¿Lo volveré a ver algún día o estoy condenado a vivir aquí y finalmente ser aspirado por una bola de polvo mayor? Las preguntas iban y venían como los pies que podía ver. Su foco siempre estaba en el mismo sitio, nunca cambiaba. Y cómo iba a cambiar si estaba inamovible y sus capacidades no daban más que escuchar la música que alguien ponía desde el piso de abajo… reguetonero salió el vecino de abajo. Y eso es lo que pasa cuando no te puedes mover y cuando no hay mucho alrededor, que necesitas que sea alguien quien te levante porque tú simplemente no puedes. Pero la ayuda no llegaba, el reguetón se hacía más y más presente (era primavera), y aunque quisiera morir, no podía ni matarse. Abandonado y aislado ansiaba esos días en los que siempre estaban fuera, y bailaban e incluso a veces tocaban la hierba del campo y se juntaban con muchos más. Esos días quedaron atrás. ¿Dónde estás? Te necesito, no soy nada sin ti. Él sentía que sin él no había nada, que no tenía lugar. Y se veía incapaz de hacer con otro lo que hizo con él, formando una pareja dispar en color y forma. “Podría hacer lo que haces tú, sí. Pero nunca serás tú, él no puede ser tú”. Y pensaba que si en las relaciones siempre hay uno que quiere más, ese es él. Lo quería con toda su alma y ahora… lo había abandonado. ¿Cómo he acabado aquí? Se levantó una mañana entre los pliegues de otro y no sabía a dónde había ido a parar su otra mitad. ¿Quién eres tú? Te he visto muchas veces antes, pero juraría que no habíamos hablado. Se parecían un poco, era también un tanto claro y no muy alto, de esos que enseñan los tobillos un poco, pero en lo que más se asemejaban era en que ambos habían perdido al otro, a quien creían que sería su pareja hasta el final en un “hasta que la muerte os separe”. Le contó su historia… similar, aunque en su caso, dijo llevar solo más tiempo. A él no le dio tiempo ni a pensar y no le iba a dar. Tan pronto como despertó con otro, su vida continuó con él, como si siempre hubiera sido así. No eran iguales, pero funcionaban y a veces resultaba hasta divertido hacer obvias las diferencias. Aunque mentiría si dijera que nunca lo echaba de menos. Se acordaba de él cuando se enredaban de nuevo como haciendo una bola, porque aunque la bola se hacía… no era lo mismo, y cuando estaban más juntos es cuando podía ver mejor qué distintos eran. Pero la inercia y las decisiones ajenas lo llevaron a seguir en esa dinámica durante mucho tiempo. Pasaron fácilmente 100 días sin noticias, coleccionando polvo. Quizás era momento de limpiar con un poco más de profundidad y no quedarse en lo superficial y visible. Iba de culo siempre y había rincones que por desgracia quedaban fácilmente en el olvido y escondían tesoros o… a saber. Miró entre la mesita de noche y la cama y… ¿qué diantres es eso? La mano le dio para alcanzarlo con las puntas de los dedos y soltó un estornudo al acercárselo a la cara para averiguar qué era, que hizo salir pelusas, polvo y pelo a propulsión. Ahí estaba… el calcetín perdido. Los perdía cada dos por tres y al final la falta de paciencia se hizo presente en un “¡no te compro más! ¡Ya te apañarás con lo que tienes!”, forzando a la niña a mezclar calcetines viudos unos con otros. Ver la luz de nuevo era maravilloso. Alguien por fin lo sacó del rincón y vio más que pies, y escuchó más que reguetón. Se limpió entre suavizante y olor a orquídeas (raro, porque estas no suelen oler) y secó el agua al sol como en el pasado. Dos días de meditación intensa en el balcón, pero ya la soledad era menos soledad y se sentía acompañado, o cuanto menos… menos solo. El sonido sonó abrupto y familiar. El cajón se abrió y lo vio claro, y él también lo vio a él, pero no estaba solo. Le vinieron mil dudas a la cabeza, cómo voy a ser el mismo con él, después de esto. Enredado en los pliegues del otro, solo le alcanzó a decir “No es lo que parece”… pero quedaron a oscuras y a la espera de nuevo de que la lógica de ir con calcetines iguales, les volviese a unir.
Insight UX
Durante el ejercicio emergieron varias ideas aplicables a diseño: - El significado depende del contexto - Un elemento aislado pierde función → igual que features fuera de flujo - La relación define la utilidad - No diseñamos objetos individuales, sino sistemas interdependientes - Lo invisible también es experiencia - Estados como abandono, espera o confusión no siempre están diseñados… pero se viven - La sustitución no siempre es neutra - Cambiar un elemento por otro “equivalente” puede romper la experiencia emocional
Design Decisions
Aplicación en UX
Este tipo de exploración influye en cómo abordo: UX Writing (tono, contexto, estados vacíos) Diseño de flujos (dependencias entre pasos) Research cualitativo (empatía con situaciones no explícitas) Conceptualización de experiencias (pensamiento sistémico)
reflexión
La narrativa no es solo una herramienta creativa. Es una forma de pensar en sistemas desde dentro. Y en UX, entender cómo se siente estar “fuera de contexto” puede ser tan importante como diseñar el flujo perfecto.
